Helen Marie

7 notes

La intelección, lo profundo, y lo trascendente no necesitaban olisquear, tocar o paladear… ¿Algún ejercicio de los que definen nuestra condición de humanos sociales requiere poner los Cinco Sentidos? El razonamiento, no. El lenguaje, tampoco. Sólo interactuar sexualmente exige la coordinación inteligente y armoniosa de todos los sentidos.En la fase de excitación, la mirada baja más al detalle y al gesto: los genitales, una boca que se entreabre, los nudillos, el sudor, los dedos de los pies… Después, y especialmente durante el orgasmo, la vista desaparece, aunque los ojos permanezcan abiertos. Contrariamente a lo que se suele creer, el clímax sexual es la emocion más individualista que existe: nadie sabrá nunca cómo la vivo ni tampoco nadie participará de ella, por más que nos empeñemos en sincronizarnos. Este acto de extraordinario recogimiento exige una introversión completa, es la realización gozosa del estar infinitamente a solas con uno mismo. Si algo trascendente en nuestra sensible vida sucede, sucede ahí.A través de la lengua somos capaces de detectar infinidad de información sobre la predisposición del besado a cohabitar sexualmente, así como detalles sobre su estado de salud, sus miedos… De este modo se explica que los niños, en su ingenuo afán por entender los objetos, se los lleven a la Boca. En cualquier caso, el gusto, más quizá como detector bioquímico que como cualificado gourmet, es un gran aliado y confesor de la líbido. Un actor fundamental para sentirse a gusto.Hablando de gustos.. El chocolate es rico en feniletilamina, una sustancia neurotransmisora de capital importancia en los procesos neuronales de enamoramiento que también aparece en las rosas. ¿Quizá por eso acudimos a las primeras citas con un ramo… y una caja de bombones?¡Ábrete de orejas! Haz la prueba: observa tu reacción ante el próximo estímulo auditivo que recibas. Inconscientemente, buscarás con la mirada la fuente del sonido. Esta propiedad hace de la imagen sonora un aliado perfecto del deseo. Perdibir un gemido o una cremallera que desciende supone empezar a escribir el relato de nuestra interacción. Cuando escuchamos al otro durante las primeras fases del acto sexual, en realidad advertimos el rumor de nuestro deseo. Por eso, gestionar bien el oído del compañero garantiza en gran medida el éxito del encuentro. En el sexo hay que dejarse llevar por el canto de sirenas y reservar la cera para los cirios.Decía un libertino ilustrador del siglo XVIII que “el besamanos es un gran principio… Te permite olisquear la carne”.El estímulo sensible captado desde la nariz irrumpe directamente en el Sistema Límbico -la zona más primitiva de la masa gris, desde el punto de vista evolutivo, y sede de las emociones- y después conecta con la corteza, nuestro cerebro pensante. Este ataque directo a los instintos explica su eficacia para inducir la fantasía y la rememoración. No sólo en el sentido más intuitivo sino también el más irracional.Perfumes, aguas de colonia, ambientadores… Quizá sean de utilidad para nuestra vida social, pero no constituyen más que un engorro en el terreno sexual.No enmascares Tu embriagador perfume.¡Tócame las teclas! La piel puede considerarse un instrumento con el que aprendemos a interpretar en pareja.La sexualidad opera como una sinfonía. Saber que un piano tiene teclas blancas y otras negras, más pequeñitas, insertadas esporádicamente entre ellas, no hace de nosotros un pianista y mucho menos un compositor. Empeñarse en encontrar la tecla infalible sólo vale para el manubrio de una pianola. Además de hacernos perder el tiempo, coarta nuestra espontaneidad y naturalidad, virtudes absolutamente recomendables a la hora de relacionarnos sexualmente.Por tanto.. A la hora de follar… Deja que te entren por los ojos, que te puedan saborear, ábrete de orejas, permite que se pierdan en tu olor y da vía libre en el mapa de tu cuerpo…

La intelección, lo profundo, y lo trascendente no necesitaban olisquear, tocar o paladear… ¿Algún ejercicio de los que definen nuestra condición de humanos sociales requiere poner los Cinco Sentidos? El razonamiento, no. El lenguaje, tampoco. Sólo interactuar sexualmente exige la coordinación inteligente y armoniosa de todos los sentidos.

En la fase de excitación, la mirada baja más al detalle y al gesto: los genitales, una boca que se entreabre, los nudillos, el sudor, los dedos de los pies… Después, y especialmente durante el orgasmo, la vista desaparece, aunque los ojos permanezcan abiertos. Contrariamente a lo que se suele creer, el clímax sexual es la emocion más individualista que existe: nadie sabrá nunca cómo la vivo ni tampoco nadie participará de ella, por más que nos empeñemos en sincronizarnos. Este acto de extraordinario recogimiento exige una introversión completa, es la realización gozosa del estar infinitamente a solas con uno mismo. Si algo trascendente en nuestra sensible vida sucede, sucede ahí.

A través de la lengua somos capaces de detectar infinidad de información sobre la predisposición del besado a cohabitar sexualmente, así como detalles sobre su estado de salud, sus miedos… De este modo se explica que los niños, en su ingenuo afán por entender los objetos, se los lleven a la Boca. En cualquier caso, el gusto, más quizá como detector bioquímico que como cualificado gourmet, es un gran aliado y confesor de la líbido. Un actor fundamental para sentirse a gusto.
Hablando de gustos.. El chocolate es rico en feniletilamina, una sustancia neurotransmisora de capital importancia en los procesos neuronales de enamoramiento que también aparece en las rosas. ¿Quizá por eso acudimos a las primeras citas con un ramo… y una caja de bombones?

¡Ábrete de orejas! Haz la prueba: observa tu reacción ante el próximo estímulo auditivo que recibas. Inconscientemente, buscarás con la mirada la fuente del sonido. Esta propiedad hace de la imagen sonora un aliado perfecto del deseo. Perdibir un gemido o una cremallera que desciende supone empezar a escribir el relato de nuestra interacción. Cuando escuchamos al otro durante las primeras fases del acto sexual, en realidad advertimos el rumor de nuestro deseo. Por eso, gestionar bien el oído del compañero garantiza en gran medida el éxito del encuentro. En el sexo hay que dejarse llevar por el canto de sirenas y reservar la cera para los cirios.

Decía un libertino ilustrador del siglo XVIII que “el besamanos es un gran principio… Te permite olisquear la carne”.
El estímulo sensible captado desde la nariz irrumpe directamente en el Sistema Límbico -la zona más primitiva de la masa gris, desde el punto de vista evolutivo, y sede de las emociones- y después conecta con la corteza, nuestro cerebro pensante. Este ataque directo a los instintos explica su eficacia para inducir la fantasía y la rememoración. No sólo en el sentido más intuitivo sino también el más irracional.
Perfumes, aguas de colonia, ambientadores… Quizá sean de utilidad para nuestra vida social, pero no constituyen más que un engorro en el terreno sexual.
No enmascares Tu embriagador perfume.

¡Tócame las teclas! La piel puede considerarse un instrumento con el que aprendemos a interpretar en pareja.
La sexualidad opera como una sinfonía. Saber que un piano tiene teclas blancas y otras negras, más pequeñitas, insertadas esporádicamente entre ellas, no hace de nosotros un pianista y mucho menos un compositor. Empeñarse en encontrar la tecla infalible sólo vale para el manubrio de una pianola. Además de hacernos perder el tiempo, coarta nuestra espontaneidad y naturalidad, virtudes absolutamente recomendables a la hora de relacionarnos sexualmente.

Por tanto.. A la hora de follar… Deja que te entren por los ojos, que te puedan saborear, ábrete de orejas, permite que se pierdan en tu olor y da vía libre en el mapa de tu cuerpo…

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